No somos terapeutas de duelo y nada de lo que hay en esta página es consejo médico. Pero la idea de que escribir sobre una pérdida puede ayudar no es una intuición que tuviéramos mientras creábamos este diario: es algo que se lleva estudiando con rigor durante décadas. Esto es lo que muestra esa investigación, sin exageraciones y sin expertos inventados.
Dónde empezó esta investigación
En los años ochenta, el psicólogo James Pennebaker hizo un experimento sencillo: pidió a varias personas que escribieran en privado sobre una experiencia personal difícil durante unos 15 o 20 minutos, varios días seguidos, sin preocuparse por la gramática ni por hacerlo «bien». Frente a quienes escribieron sobre temas cotidianos y neutros, el grupo que escribió sobre aquello que de verdad le pesaba mostró después diferencias medibles en su bienestar. Ese formato tan simple, hoy conocido como escritura expresiva, se ha puesto a prueba desde entonces en cientos de estudios.
Qué encontró una revisión de 2025 sobre el duelo
Una revisión sistemática con metaanálisis publicada en OMEGA – Journal of Death and Dying (2025) analizó específicamente la escritura expresiva aplicada al duelo y combinó los resultados de 13 ensayos controlados aleatorizados. Encontró un efecto real, aunque modesto: escribir se asoció a una reducción medible de los síntomas de duelo y de depresión, y el efecto fue mayor en los programas con más sesiones de escritura y con algún tipo de acompañamiento por el camino.
Queremos ser honestos sobre lo que significa «modesto». No es un estudio que afirme que escribir borra el duelo, y nosotros tampoco lo vamos a decir. Es la prueba de que poner en palabras los sentimientos difíciles, sobre el papel y a tu ritmo, es una de esas cosas que ayudan de forma medible a algunas personas a sostener una pérdida. No es una cura, ni un plazo fijo, ni sustituye a las personas o profesionales que te acompañan.
Lo que no afirmamos
Los tamaños del efecto en este tipo de investigación son de pequeños a moderados, nada espectacular, y los estudios sobre duelo muestran siempre grandes diferencias entre unas personas y otras: lo que a una le sirve puede no servirle a otra. Un diario es un lugar donde guardar la memoria y poner en palabras lo que sientes, a tu ritmo. No es terapia, y si en algún momento el duelo pesa más de lo que puedes sostener por tu cuenta, acudir a un psicólogo o a un profesional del duelo es un buen paso siguiente, no una señal de que escribir «no haya funcionado».
Fuentes
Yao, D., Xu, S., Liu, J., Gai, Y., Li, J. (2025). Expressive Writing for Grief: A Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials. OMEGA – Journal of Death and Dying. journals.sagepub.com/doi/10.1177/10497315251371566
Baikie, K. A., Wilhelm, K. (2005). Emotional and physical health benefits of expressive writing. Advances in Psychiatric Treatment. pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC2736499