Un documento gratuito e imprimible para dejarlo todo dicho: dieciocho apartados con las respuestas que tu familia necesitará, para que nadie tenga que adivinar en el peor momento posible. Veintiséis páginas impresas, sin coste.
Veintiséis páginas. Arriba: la portada, el apartado 1 y la lista que tu familia leerá primero.
Un planificador de últimas voluntades —también llamado carpeta de vida o cuaderno de previsión— es un único documento que recoge dónde están tus papeles, a quién hay que avisar, qué cuidados médicos quieres y cuáles no, y cómo te gustaría que fuese tu funeral. No es un testamento y no tiene fuerza legal. Existe para ahorrarle a la gente que quieres cien preguntas pequeñas y angustiosas en la primera semana tras tu muerte, y para señalarles los documentos que sí tienen validez jurídica.
Casi todo aquello con lo que pelea una familia en duelo durante esa primera semana no es tristeza. Es papeleo. Dónde está la póliza. Quería que la incineraran. Cuál es el PIN de su móvil. A quién no hemos avisado todavía. Esas preguntas van a llegar igualmente. Lo único que puedes elegir es si las contestas ahora, con calma y de tu puño y letra, o si alguien a quien quieres tiene que adivinarlas mientras organiza un entierro.
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Escribimos una sola vez, dentro de unos tres meses, para preguntar qué tal ha ido. Nada más. Puedes darte de baja con un clic.
Gracias. Aquí abajo tienes el archivo, y se queda en esta página por si quieres volver más adelante.
Qué debe incluir un planificador de últimas voluntades
El cuaderno tiene dieciocho apartados. No hace falta rellenarlos por orden y no hace falta terminar. Una página rellenada a medias vale infinitamente más que una en blanco.
- Dónde está cada cosa. Dónde se encuentra cada documento, no lo que dice.
- Sobre mí. El puñado de datos que pide cualquier impreso: nombre completo con los dos apellidos, DNI o NIE, fecha y lugar de nacimiento, y el nombre completo de tu madre.
- A quién hay que avisar. En el orden en que quieres que se enteren, y quién hace cada llamada.
- Mis contactos profesionales. Médico de cabecera, notario, gestor, asesor, empresa, funeraria.
- Dinero y cuentas. Qué bancos, qué tipo de cuenta, solo los cuatro últimos dígitos.
- Seguros, pensión y prestaciones. Pólizas, planes y el beneficiario que figura en cada uno.
- Pagos periódicos. Lo que hay que dar de baja y, más importante, lo que no hay que tocar.
- Mi vida digital. Qué cerrar, qué conservar, qué es mejor no abrir.
- La casa. La llave de paso, el código de la alarma, la caldera, el día que se saca la basura.
- Quién depende de mí. Hijos, animales, cualquiera a quien cuides.
- Mis voluntades médicas. Escritas aquí y después formalizadas en los documentos que sí obligan.
- Mi funeral. Entierro o incineración, con misa o sin ella, quién habla y qué te horrorizaría.
- Dónde me gustaría descansar. Con permiso explícito para decir «lo que os resulte más fácil».
- Cosas con una historia. No lo que vale dinero, sino lo que lleva dentro una historia que se va contigo.
- Cosas que quiero contarte. Tres páginas nada prácticas.
- Una carta. Para una persona, con su nombre.
- Para quien tiene ahora este libro. Una lista para la primera semana, dirigida a quien cargue con lo más duro.
- Cualquier otra cosa.
Cómo son las páginas
Cada página es un formulario con las preguntas ya escritas. Rellenas los huecos, o te los saltas.






Los seis que más importan
Si solo vas a rellenar seis de los dieciocho, que sean estos. Son los apartados a los que una familia se agarra en las primeras setenta y dos horas, y los que resultan casi imposibles de reconstruir en cuanto ya no estás para que te pregunten.
Apartado 1, dónde está cada cosa. Una página con el lugar físico de cada documento: el testamento, las escrituras, las pólizas, el DNI, el libro de familia. No lo que dicen, sino dónde están. Es el apartado que más veces le ahorra a una familia una vuelta entera a la notaría.
Apartado 2, sobre ti. Nombre completo con los dos apellidos, DNI o NIE, fecha y lugar de nacimiento y el nombre completo de tu madre. El Registro Civil, el banco, la aseguradora y la Seguridad Social piden cada uno un trozo de esto, y los hijos adultos a menudo no se saben de memoria los apellidos de su abuela.
Apartado 6, seguros y pensión. El seguro de vida es lo que más se queda sin cobrar después de una muerte. Pólizas contratadas hace treinta años, vinculadas a una hipoteca o a un banco del que ya nadie se acuerda, no se pagan porque nadie sabía que existían. Basta una línea con el nombre de la compañía. Anota también si tienes un seguro de decesos: en España lo tienen millones de hogares y es justo lo que la familia no piensa en buscar el primer día, cuando la funeraria ya está esperando una respuesta.
Apartado 7, pagos periódicos. Qué recibos hay que dar de baja y —la mitad que todo el mundo olvida— cuáles deben seguir pagándose. El seguro del hogar de una casa vacía es el que causa daños de verdad si se cancela.
Apartado 11, voluntades médicas. Escritas aquí en lenguaje corriente y después formalizadas en un documento de instrucciones previas. Las familias toman estas decisiones con mucha más calma cuando han leído una frase escrita por ti que cuando tienen que imaginar qué habrías querido.
Apartado 12, tu funeral. Entierro o incineración, con ceremonia religiosa o sin ella, y una o dos cosas que te horrorizarían. En España la funeraria hace unas cuarenta preguntas en la primera conversación, y la familia las contesta en menos de veinticuatro horas.
Qué pasa de verdad cuando no hay nada escrito
Nada dramático. Ese es justamente el problema. Nadie pierde la casa por un impreso que faltaba. Lo que pasa es más pequeño y más agotador, y pasa en casi todas las familias.
Alguien se pasa la segunda tarde vaciando una carpeta en busca de un número de póliza, porque sin ese número la aseguradora no habla con él. Otra persona llama a cuatro bancos preguntando si su padre tenía cuenta allí y en todos le contestan que no pueden dar esa información. Dos hermanos discuten, al principio con buenos modos, sobre si su madre habría querido que la incineraran, y ninguno de los dos lo sabe. Una suscripción sigue cobrándose catorce meses. Un portátil se queda bloqueado y las fotos que había dentro, sencillamente, desaparecen.
Nada de eso es una catástrofe. Todo eso se puede evitar, y todo eso cae encima de quien menos puede soportarlo, la semana en que menos puede soportarlo. Este cuaderno no quita el duelo. Quita el papeleo que se mezcla con el duelo y lo hace peor.
¿Es lo mismo que un testamento?
No. Hacen trabajos distintos y uno no sustituye al otro. Este cuaderno es un documento personal sin valor legal; el testamento, las instrucciones previas y el poder notarial sí son documentos jurídicos. Su verdadero valor está en decirle a tu familia que esos documentos existen y dónde encontrarlos.
| Documento | Qué decide | Vinculante |
|---|---|---|
| Planificador (este cuaderno) | Dónde está todo, a quién avisar, qué te gustaría | No |
| Testamento notarial | Quién hereda qué, respetando la legítima | Sí |
| Documento de instrucciones previas | Qué tratamientos aceptas y cuáles rechazas | Sí |
| Poder notarial preventivo | Quién decide por ti si tú ya no puedes | Sí |
| Seguro de decesos | Quién organiza y paga el funeral | Contrato |
| Designación de beneficiario | A quién se paga un seguro de vida o un plan | Sí |
En España la herencia no es del todo libre: la legítima reserva una parte a los herederos forzosos, y las normas cambian en las comunidades con derecho civil propio (Cataluña, Navarra, Aragón, Galicia, País Vasco y Baleares). El documento de instrucciones previas se firma y se inscribe en el registro de tu comunidad autónoma, que a su vez vuelca los datos en el Registro Nacional. Este cuaderno está pensado para acompañar a esos documentos, nunca para sustituirlos.
Las palabras cambian según el país
Esta es la razón principal por la que una lista genérica no sirve fuera del país para el que se escribió. Si a una familia española le dicen que busque un «living will», buscarán algo que con ese nombre no existe. Cada edición de este cuaderno usa las palabras y las instituciones de su país.
España. Las voluntades médicas se recogen en un documento de instrucciones previas (en algunas comunidades, voluntades anticipadas), que se inscribe en el registro autonómico. Tras el fallecimiento, la familia pide el certificado de últimas voluntades para saber si hay testamento y ante qué notario se firmó, y el certificado de contratos de seguros de cobertura de fallecimiento, que dice si había seguros de vida. Muchos hogares tienen además un seguro de decesos, poco habitual fuera de España y fácil de pasar por alto.
Estados Unidos. El término paraguas es advance directive, y dentro suelen ir un living will y un healthcare proxy. El dinero va aparte, con un durable power of attorney; el patrimonio puede estar en un revocable living trust, y una HIPAA authorization es lo que permite que un hospital cuente algo.
Países Bajos. Una wilsverklaring recoge las voluntades médicas y un levenstestament otorgado ante notario designa a quien puede actuar por ti en vida. Los testamentos figuran en el Centraal Testamentenregister y para el banco hace falta una verklaring van erfrecht del notario.
Alemania. La Patientenverfügung se refiere al tratamiento; la Vorsorgevollmacht designa a quien decide por ti. Los testamentos están en el Zentrales Testamentsregister y el Standesamt expide la Sterbeurkunde. El derecho alemán da a los herederos solo seis semanas para renunciar a la herencia, algo decisivo si hay deudas.
Francia. Las directives anticipées recogen las voluntades sobre el tratamiento y se designa a una personne de confiance. Los testamentos se localizan a través del Fichier Central des Dispositions de Dernières Volontés y la mairie expide el acte de décès. En Francia el assurance-vie suele quedar fuera de la herencia y va directo al beneficiario.
Cada uno de estos párrafos es un resumen, no una explicación completa, y las leyes cambian. El cuaderno nombra los documentos para que tu familia sepa qué buscar; para redactarlos, acude a un notario o a un abogado de tu país.
Nunca escribas aquí tus contraseñas
Este cuaderno no tiene, deliberadamente, ningún hueco para una contraseña, un PIN o un número de cuenta completo. Solo registra dónde se guardan tus claves: un gestor de contraseñas, un sobre cerrado, una caja fuerte.
Esa única regla es lo que hace que un cuaderno relleno pueda quedarse tranquilamente en un cajón. Un cuaderno lleno de respuestas prácticas le sirve a tu familia; un cuaderno lleno de claves le sirve a cualquiera que lo encuentre, incluido quien entre a robar o quien pase por una casa en venta. Escribe «1Password, la clave maestra la tiene mi hermana» y le habrás dado a tu familia todo lo que necesita sin dejar tus cuentas abiertas.
Dónde guardarlo y quién debe saberlo
Dile a una persona dónde está el cuaderno. Esa frase es lo más importante que contiene: un cuaderno perfectamente relleno que nadie encuentra no ha servido de nada.
Guárdalo donde tu familia pueda cogerlo sin permiso de un juez ni de un notario. Una caja fuerte en casa o un cajón con una etiqueta funcionan mejor que una caja de seguridad del banco, porque esa caja puede quedar bloqueada al fallecer el titular y no abrirse hasta que haya papeles de herencia, justo cuando hacen falta las voluntades del funeral. Si guardas los originales en el banco, deja este cuaderno en casa apuntando hacia allí.
Cómo sacar el tema con un padre o una madre sin que salga mal
La mayoría de quienes leen esto no están preocupados por sus propios papeles. Están preocupados por los de su madre o su padre, y ya intuyen que la conversación va a ser incómoda.
Lo que funciona no es pedirles que lo rellenen. Lo que funciona es rellenar tu propio ejemplar y mencionarlo de pasada. «He hecho esto para mí, me llevó una hora, ¿quieres uno?» cae de una manera completamente distinta a «tenemos que hablar de qué pasa cuando te mueras». Lo primero es algo que hace la familia. Lo segundo es algo que se le hace a alguien.
Hay tres cosas que lo facilitan. Pide un apartado, no el cuaderno entero: el apartado 1, dónde está cada cosa, es práctico, no tiene carga emocional y es al que antes dicen que sí. Hazlo en la mesa, con un bolígrafo, no por teléfono. Y no insistas en las páginas médicas y del funeral en la misma conversación; suelen llegar semanas después, a menudo por iniciativa suya, cuando las páginas prácticas ya están hechas.
Si dicen que no, es que no, y está bien. Deja el ejemplar impreso a la vista. Un número sorprendente de padres lo rellena en silencio unos meses más tarde y lo comenta como si nada.
Qué hacer cuando alguien muere: la primera semana
Casi nada de esta lista hay que hacerlo hoy. Es la lista que aparece en el apartado 17 del cuaderno, escrita para quien lo tenga en las manos en la peor semana de su vida. Ve por orden y para cuando necesites parar.
- Que un médico certifique la defunción. No puede empezar nada hasta que un médico firma el certificado médico de defunción. En un hospital o en una residencia se hace solo; en casa hay que llamar al médico de cabecera o al servicio de urgencias.
- Llama a la funeraria y mira si hay seguro de decesos. Antes de contratar nada, comprueba si había una póliza de decesos: la compañía suele tener funeraria asignada y paga el servicio. La funeraria se encarga de mucho más de lo que la gente espera, incluida la inscripción en el Registro Civil.
- Pide certificados literales de defunción. Pide más de los que creas necesitar, entre cinco y diez. La funeraria suele tramitarlos al inscribir la defunción.
- Pide el certificado de últimas voluntades. Se solicita a partir de los quince días hábiles desde el fallecimiento y dice si hay testamento y ante qué notario. Con él se pide al notario la copia autorizada.
- Pide el certificado de contratos de seguros de cobertura de fallecimiento. Se solicita igual que el anterior y revela si había seguros de vida o de accidentes que nadie recordaba.
- Habla con el notario o con un abogado. Te dirá si procede aceptar la herencia a beneficio de inventario y, si no hay testamento, cómo hacer la declaración de herederos.
- Comunica el fallecimiento a la Seguridad Social. Pregunta por el auxilio por defunción y por la pensión de viudedad y de orfandad. Consulta también si había un plan de pensiones o un seguro colectivo.
- Avisa a la empresa. Pregunta por la última nómina, las vacaciones no disfrutadas, el seguro de vida del convenio y el finiquito.
- Avisa a los bancos y a las aseguradoras. Lleva un certificado literal de defunción. Pregunta qué recibos se pueden seguir pagando de la cuenta.
- Da de baja lo que haya que dar de baja. Apartado 7. Deja vivo lo que debe seguir vivo, sobre todo el seguro del hogar de una casa vacía.
- Deja que alguien te cocine. En serio. Ponlo en la lista.
No es urgente, diga quien diga lo contrario: vaciar la casa, contestar todos los mensajes, decidir qué se hace con la ropa, estar bien.
Sí hay un plazo que conviene tener en el calendario: el impuesto de sucesiones se presenta en los seis meses siguientes al fallecimiento, prorrogables otros seis si se pide dentro de los cinco primeros meses. No hace falta pensar en ello la primera semana, pero sí antes de que pasen dos meses.
¿Cuántos certificados de defunción hacen falta?
Cuenta entre cinco y diez certificados literales. Los bancos, las aseguradoras, las gestorías y los organismos quieren cada uno el suyo y no lo devuelven, y las fotocopias se rechazan para casi todo lo que importa.
Pedirlos de golpe al inscribir la defunción, a través de la funeraria, es más barato y más rápido que volver meses después al Registro Civil. Ten en cuenta además que para mover cuentas y bienes harán falta después el certificado de últimas voluntades, la copia autorizada del testamento y la liquidación del impuesto de sucesiones.
Una página rellenada a medias vale infinitamente más que una en blanco.
¿Cuándo se rellena algo así?
Antes de creer que hace falta. Quienes terminan este cuaderno con calma son los que empezaron años antes de tiempo; quienes no lo terminan nunca son los que empezaron después de un diagnóstico.
Hay tres momentos en los que la gente busca algo así. A veces es un cumpleaños redondo, o un testamento que por fin se firma. A veces es un padre que llega a la edad en la que un hijo adulto empieza a preocuparse en voz baja. Y a veces es un diagnóstico, cuando las preguntas ya son urgentes. Los tres momentos valen. Si estás en el tercero, empieza por los apartados 1, 11 y 12 —dónde está cada cosa, voluntades médicas, funeral— y deja el resto.
Después, vuelve una vez al año y tacha lo que ya no valga. Las cuentas se cierran, la gente se muda, uno cambia de idea sobre la música. La página 2 tiene una línea para anotar la fecha de la última revisión.
Un glosario breve
Las palabras que más van a aparecer, en el orden en que probablemente te las encuentres.
- Documento de instrucciones previas — la declaración escrita sobre qué tratamientos médicos aceptas y cuáles rechazas si llega un momento en que no puedas decidir. En varias comunidades se llama documento de voluntades anticipadas.
- Registro de instrucciones previas — el registro autonómico donde se inscribe ese documento, conectado con el Registro Nacional para que cualquier médico del país pueda consultarlo.
- Poder notarial preventivo — el poder que designa a quien podrá actuar por ti en asuntos de dinero y de salud si pierdes la capacidad. Se otorga ante notario y se extingue con la muerte.
- Testamento abierto — la forma habitual de testar en España: se firma ante notario, que conserva el original y lo comunica al registro.
- Certificado de últimas voluntades — el documento que dice si el fallecido otorgó testamento y ante qué notario. Se pide pasados quince días hábiles desde la defunción.
- Copia autorizada del testamento — la copia con validez que expide el notario que guarda el original, y que es la que piden bancos y registros.
- Declaración de herederos — el acta notarial que determina quiénes heredan cuando no hay testamento.
- Legítima — la parte de la herencia que la ley reserva a los herederos forzosos y de la que no se puede disponer libremente.
- Aceptación a beneficio de inventario — aceptar la herencia respondiendo de las deudas solo hasta donde alcance lo heredado. Importante si no sabes cómo estaban las cuentas.
- Certificado de contratos de seguros de cobertura de fallecimiento — el certificado que revela si el fallecido tenía seguros de vida o de accidentes, y con qué compañías.
- Seguro de decesos — la póliza, muy extendida en España, que organiza y paga el funeral. Es lo primero que conviene buscar el mismo día.
- Certificado literal de defunción — el documento oficial que expide el Registro Civil. Las fotocopias se rechazan casi siempre.
- Impuesto de sucesiones — el impuesto que pagan los herederos, con un plazo de seis meses desde el fallecimiento y reglas que cambian mucho de una comunidad a otra.
Imprimir en A4
El cuaderno está maquetado en A4, así que el archivo entra sin ajustes en cualquier impresora de aquí. Está pensado para imprimir a una cara, para que la tinta no traspase al escribir, pero a doble cara también funciona y ahorra la mitad de papel.
Este cuaderno es un documento personal, no asesoramiento jurídico, y las leyes cambian. Que un notario o un abogado revise todo lo que de verdad importa.
Por qué lo hemos hecho y por qué es gratis
Still With Me hace diarios con preguntas para quien ya ha perdido a alguien. Todo lo que publicamos está al otro lado de una muerte: las preguntas, los capítulos, el espacio para escribir sobre alguien que no vuelve.
Esto es lo único que hacemos que está a este lado. Sale de las mismas lecturas y las mismas conversaciones —cientos de relatos sobre cómo es de verdad esa primera semana— y en casi todos aparecía lo mismo. Quienes habían recibido una página con respuestas prácticas hablaban de esa semana de una manera muy distinta a quienes no. No con menos tristeza. Solo con menos de ese pánico bajo y agotador que aparece cuando no sabes algo y ya no puedes preguntarlo.
Es gratis porque cobrar por ello desmontaría la idea, y porque no es el producto. Si te sirve, y algún día tú o alguien de tu familia necesitáis el otro tipo de cuaderno, ya sabéis dónde estamos. Ese es todo el trato.
Escrito y mantenido por Still With Me. Es un documento personal, no asesoramiento jurídico ni médico. Revisado frente al derecho de cada uno de los cinco países en los que se publica, y repasado una vez al año, pero las leyes cambian y todo lo que de verdad importa debe verlo un profesional de tu país. Consultas: hello@stillwithmejournal.com.
Preguntas frecuentes
¿El cuaderno es gratis de verdad?
Sí. Veintiséis páginas imprimibles, sin coste, sin instalar nada y sin ningún paso de pago. Lo que vendemos son los diarios con preguntas; este cuaderno no está detrás de una caja.
¿Tiene valor legal un planificador de últimas voluntades?
No. Es un documento personal. No puede decidir quién hereda ni obliga a un médico a nada. Existe para guardar las respuestas prácticas y para señalar a tu familia los documentos que sí obligan: el testamento, las instrucciones previas, el poder notarial.
¿Qué no hay que escribir en él?
Contraseñas, PIN, números de cuenta completos y datos de tarjetas. Escribe en su lugar dónde se guardan. Nada que no quieras que lea un desconocido debería estar en un cuaderno que se queda en un cajón.
¿Para quién es?
La mayoría lo rellena para sí misma. Los hijos adultos suelen rellenarlo junto a un padre o una madre, algo que se hace mucho más llevadero si rellenas tu propio ejemplar al lado del suyo, para que parezca algo que hace la familia y no algo que se le pide a una sola persona.
¿Cuánto se tarda en rellenarlo?
Los apartados 1, 11 y 12 llevan alrededor de una hora y cubren casi todo lo que una familia necesita de verdad la primera semana. El cuaderno entero suele hacerse en varias sentadas repartidas a lo largo de unos meses.
¿Dónde hay que guardarlo?
En casa, en un sitio al que tu familia llegue sin notario ni juez —una caja fuerte o un cajón con etiqueta—, y dile al menos a una persona dónde está. No guardes el único ejemplar en una caja de seguridad del banco, que puede quedar bloqueada al fallecer el titular.
¿Puedo imprimirlo a doble cara?
Sí. Está pensado para una sola cara, para que la tinta no traspase al escribir, pero a doble cara funciona igual y ahorra la mitad de papel. El archivo es A4.
¿Me vais a enviar algo después de descargarlo?
Un correo, dentro de unos tres meses, para preguntar qué tal ha ido y ofrecerte unas cuantas preguntas para escribir. Nada más, y darse de baja cuesta un clic.
¿Es lo mismo que un documento de instrucciones previas?
No. Las instrucciones previas son un documento sanitario que el equipo médico debe respetar. Este cuaderno recoge tus deseos en lenguaje corriente y, sobre todo, le dice a tu familia que ese documento existe y dónde está. Haz los dos.
¿El beneficiario de un seguro va por delante del testamento?
En un seguro de vida, por lo general sí: el capital se paga a quien figura designado en la póliza, con independencia de lo que diga el testamento, y los impresos firmados hace treinta años a veces siguen nombrando a una expareja. El cuaderno te pide anotar quién está designado en cada póliza para que se pueda comprobar.
¿Qué es lo primero que hay que hacer si muere un padre?
Que un médico certifique la defunción y después llamar a la funeraria, comprobando antes si había un seguro de decesos. Todo lo demás —el testamento, el banco, las prestaciones, las suscripciones— puede esperar días o semanas, por muy alta que parezca la pila de papeles. El orden completo está en el apartado 17.
¿Cómo consigo que mi madre o mi padre lo rellene?
Rellena primero el tuyo y menciónalo, en lugar de pedirles que lo hagan ellos. Después pide un apartado, no el cuaderno: el apartado 1, dónde está cada cosa, es práctico y sin carga emocional, y es al que la gente dice que sí. Deja las páginas médicas y del funeral para otra conversación.
¿Esto sustituye al notario?
No, ni lo pretende. No tiene ningún valor legal. Lo que sí hace es abaratar y acelerar el trabajo del notario y de la gestoría, porque los datos que de otro modo se buscan en horas facturables ya están en una página.
¿Puedo rellenarlo en el ordenador en lugar de imprimirlo?
El pdf está pensado para imprimirlo y escribirlo a mano, y eso es justo lo que lo hace útil cuando una pantalla está bloqueada y nadie sabe el código. Si prefieres escribir a máquina, casi cualquier lector de pdf permite añadir cuadros de texto, pero guarda un ejemplar impreso en algún sitio donde tu familia pueda encontrarlo físicamente.
Still With Me hace diarios con preguntas para quien ha perdido a alguien: ochenta preguntas suaves repartidas en nueve capítulos, en ediciones construidas alrededor de una pérdida concreta. Si has llegado hasta aquí porque alguien ya ha muerto, los diarios están agrupados por relación, y hay 25 preguntas gratuitas para escribir en el duelo con las que empezar. Si lo que buscas es apoyo y no papeleo, mantenemos una lista de dónde encontrar ayuda.